El JPEG guarda las imágenes como bloques de frecuencias. El ajuste de calidad decide con cuánta precisión se conservan esas frecuencias. Por encima de calidad 85, los bytes extra se van a detalle que ninguna pantalla puede reproducir; por debajo de 60, más o menos, los bloques empiezan a notarse. Entre esos dos números es donde debe caer un compresor, y este busca la calidad más alta que cabe en tu límite de peso.
También elimina los metadatos EXIF (modelo de cámara, ubicación GPS, miniaturas), que pueden pesar entre 20 y 100 KB por sí solos y son un riesgo de privacidad al compartir.
JPG y JPEG son el mismo formato: la extensión de tres letras viene de los sistemas antiguos que no admitían más. Cualquier archivo con una de las dos extensiones se abre y se comprime igual aquí, y la salida lleva siempre la extensión .jpg.