Instagram comprime las historias más fuerte que las publicaciones del feed. Asume que una historia es desechable, así que la codifica con menos calidad y la escala de forma agresiva cuando el original es grande. Una captura de pantalla o una foto de 12 MP soltada directamente en una historia es la receta clásica para que todo se vea empastado.
Enviar un JPEG de 1080×1920 que ya pesa menos de 1.5 MB le deja a la app mucho menos trabajo. En nuestras pruebas, la diferencia se nota sobre todo en el texto y las líneas finas, que es justo lo que contienen la mayoría de las historias: stickers, fechas, precios, títulos.
Otro factor es la conexión. Con señal débil o con el ahorro de datos activado, la app puede subir una versión de menor calidad para terminar antes. Publica con Wi-Fi o con buena señal y espera a que termine la subida antes de bloquear el teléfono.